Una mirada alternativa para entender los posibles motivos de la procrastinación.
La llamada procrastinación, es más que postergar hasta mañana voluntariamente. Nos hace sentir mal, porque somos conscientes de que estamos evadiendo o eludiendo la tarea y que hacerlo puede ser una mala idea. Pero igual lo hacemos. ¿Por qué?
Es irracional y está sumamente relacionado con la manera en la que regulamos nuestras emociones.
Por lo general la tarea que deberíamos hacer no es del todo placentera (limpiar la casa, hacer trámites en el banco, ir al gimnasio, estudiar para un examen, etc) o nos genera sentimientos más profundos relacionados con la tarea como dudar de nuestra efectividad, sentir ansiedad, inseguridad, miedo, entre otros. Por cualquiera de esos casos, el postergar dicha tarea nos produce cierto alivio inmediato, lo cual parece mucho más urgente que los objetivos a largo plazo que pueden ser los que nos acercan a la vida significativamente valiosa para cada unx.
Dichos objetivos podrían ser, por ejemplo, terminar un curso, carrera académica, o mantener la casa limpia y ordenada. El proceso que implica llegar a esas metas con múltiples pasos asociados implica estar dispuestxs a convivir con una serie de pensamientos y emociones que no siempre son fáciles de tolerar.

“Nuestros cerebros siempre están buscando recompensas relativas. Si tenemos un círculo de hábitos alrededor de la procrastinación pero no hemos encontrado una mejor recompensa, nuestro cerebro continuará haciéndolo una y otra vez hasta que le demos algo mejor que hacer”, dijo Judson Brewer, del Centro de Plenitud Mental de la Universidad de Brown.
Es por esto que no se trata solamente de enfocarnos en organizar o gestionar mejor las tareas a cumplir (lo cual seguro todxs hemos comenzado por esos pasos y recomendaciones), sino de una manera de afrontar las emociones desafiantes y estados de ánimo displacenteros generados por ciertas actividades. Entre ellos, el aburrimiento, ansiedad, inseguridad, frustración y más.
El problema es que la sensación de urgencia que nos surge de aliviar el sentimiento que nos produce la tarea, no nos permite dar prioridad a las necesidades, metas y valores a largo plazo. Esto hace nuestra vida significativa para cada unx.
Por lo tanto, aprender a regular las emociones tendrá un papel importante a la hora de dejar de procrastinar y se puede aprender. Como siempre, con amor y paciencia.
Carla Frick
@intencionalmente.ar
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