Perdonar es simplemente un acto del corazón, un movimiento para soltar el dolor.
Nos invito a conocer un poco más sobre el perdón en este escrito teniendo en cuenta que es un proceso único y personal. Nadie nos puede exigir tiempos ni formas adecuadas.
El perdón no implica justificar, ni habilitar los actos dañinos. Tampoco implica que tenemos que hablar o ver a quienes nos han causado dolor.
¿Qué dicen las investigaciones neurocientíficas?
La investigación sugiere que el perdón probablemente evolucionó como un mecanismo biológico que nos permite superar el dolor y aliviar el sufrimiento humano. Cuando perdonamos, el sistema nervioso regresa a un punto de equilibrio óptimo: la presión arterial y el ritmo cardiaco descienden, los neuroquímicos del estrés son reabsorbidos y el sistema nervioso activa el modo parasimpático, la llamada respuesta de relajación. Perdonar activa partes del cerebro que se ocupan de la resolución de problemas, la comprensión de los estados mentales y emocionales de los demás y el control cognitivo de nuestras propias emociones. Esto último nos permite dar nuevas interpretaciones a lo que nos ocurre, visualizar nuevas posibilidades, ponernos en el lugar del/la otrx de forma objetiva y convertir un evento doloroso en algo menos molesto a nivel mental y emocional.
El perdón como un proceso
Podemos pensar en el perdón como un proceso que no implica aceptar la crueldad u olvidar lo que nos generó dolor. Porque esto sería excusar el mal comportamiento y forzar una reconciliación que mantenga una relación abusiva u ofensiva con el agresor. La imposición de aquella reconciliación podría complicar la experiencia y mantener el malestar.
El perdón es un proceso personal. Es, principalmente, para con unx. No implica justificar ni quedarnos atrapadxs en lo justo o injusto de lo ocurrido. Lo cual al ser humanx nos suele resultar muy desafiante. Es posible que si unx está dispuesto a comenzar el proceso de perdonar, el mismo no sea rápido y conlleve una gran movilización de emociones en el camino. Es difícil dejar la lucha y abrirnos a la aceptación de lo experimentado por unx mismx.
Repito: no es nada fácil cultivar el perdón, sobre todo cuando hemos sido enormemente dañados. Es un proceso que conlleva permitirnos sentir ese dolor y que luego se convertirá en un alivio, una liberación para nosotrxs mismos. Como siempre: infinita paciencia, amor y compasión.
Carla Frick
// Recorda que siempre es importante pedir ayuda si lo necesitas.


Un abrazo al corazón este post, gracias gracias gracias. Fuiste mi recordatorio de que nadie puede exigirme tiempos ni formas adecuadas, ni siquiera yo.
Totalmente. Gracias a vos por tu comentario!